poema

LADRIDOS

Los perros ladran alto en las ciudades
con su voz de barítono engañosa,
– tú sabes el porque de sus ladridos-.
He visto darles de comer los restos,
vísceras humanas aún con vida.

Aúllan sin cansarse en las escuelas,
con el ritmo cadente del dictado.
En los lascivos patios de vecinos
donde el dios sol restaña las heridas
de sábanas que sufren cada noche.

Los he oído gritar en los estrados
sin que el pueblo les lleve la contraria.
Amenazan en los púlpitos de oro,
después de prometernos ser salvados
del pecado del barro y sus miserias.

Vocean sin descanso, incontenibles.
Si no nos damos prisa en detenerlos
seremos pasto de sus fauces torpes,
después no habrá lamentos sostenidos
que devuelvan el brillo a nuestros sueños.

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Un pensamiento en “poema

  1. Como me gustan tus ladridos. Como me gusta leerte y aún más escucharte esos endecasílabos que cada vez me suenan mejor -si es que fuera posible-. Buen trabajo mi querido Arturo y bienvenido a esta Blogsfera que sonríe hoy por tenerte..

    Un besazo

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